Unas manos con ganas de explorar los límites de una práctica milenaria retratan un nuevo pero ancestral modelo en artesanía. Su técnica sigue vinculada a la tradición, a lo de antaño, al telar y a la materia prima más pura en este caso pero sus líneas han cambiado. Son modernas y limpias, y se aventuran con diferentes hechuras. Es decir, ha evolucionado hacia un diseño de primera línea que atrae a un público selecto con un gusto especial por productos únicos por unos trazos que marcan la diferencia. La artesanía es, más que nunca, la clave de la exclusividad. Aunque en el pasado el entorno rural estaba más vinculado a labores tradicionales y esenciales como lo es la agricultura o la ganadería y sus derivados, hoy en día cada vez son más los jóvenes, en especial mujeres, que apuestan y lideran emprendimientos en diferentes sectores donde la constante innovación y la creatividad es fundamental para avanzar y desarrollar nuevas actividades en un entorno que para muchos es privilegiado. Emprender es una carrera de fondo repleta de incertidumbres. Pero hay aventureros que consiguen con sus iniciativas enriquecer y convertir en prósperos nuestros pueblos. Henar Rodríguez nació en Burgos, y su pareja, Álex Valdivieso, en Madrid. Cambiaron lo urbano por lo rural y se pusieron a coser. Forman parte de una nueva generación de artesanos que sientan la base para la reactivación del medio rural.
Se conocieron en Asturias y desde hace más de dos años forman parte del padrón de Yernes y Tameza, desde donde desarrollan su actividad empresarial; una tradición que ha perdurado a lo largo de los siglos. Trabajos manuales llevados a la excelencia. Un legado que guarda oficios y técnicas ancestrales. En definitiva, una herencia cultural que ensalzada una marca de adopción asturiana: Pokhara, Artesanía Textil.
Y es que mantener la esencia artesanal mientras un negocio crece se ha convertido en uno de los principales desafíos para los emprendedores de nuestros pueblos. Frente a la producción en serie o la externalización, muchos proyectos han optado por fórmulas que priorizan el trabajo manual, el control del proceso y una relación directa con el cliente. Su idea partió del reciclaje textil porque “no queríamos iniciar otra marca de ropa que generase más residuos”. Entonces, “lo que hacemos es mezclar el tejido en el telar, una destreza ancestral, con el reciclaje textil, y crear así prendas contemporáneas y cotidianas, como nuestras mochilas o sudaderas, para usar cada día y que se pueda poner todo el mundo”, apunta Henar, encargada de diseñar, confeccionar y coser la ropa y complementos.
Asimismo, explica que aunque “el tejido en telar ha servido para vestirnos durante siglos ahora se ha quedado como algo más etnográfico y más sofisticado. Álex es el encargado de tejer, en telar de peine donde convergen fibras naturales como el algodón o la lana para hacer bufandas o chales combinando técnicas tradicionales con otras menos convencionales como krokbragd, método escandinavo. Explica que el diseño no está inspirado en nada en concreto, “sino en cosas que hemos visto a lo largo de la vida, que surgen, pero en lo que sí dedicamos mucho tiempo es en la combinación de la gama de colores. Para nosotros es esencial. A la hora de tejer o componer las piezas el dedicar bastante tiempo en que los colores sean muy armónicos para nosotros es muy importante”.
Formar parte del pueblo
Lo mejor, “cuando vinimos a Yernes y Tameza, por las circunstancias, el pueblo también se metió en el proyecto y ampliamos un poco la idea del negocio recogiendo la lana de los vecinos y empezamos a experimentar con ella, a lavarla cardarla, hilarla y tratamos todo a mano”.
Con ella, “lo que hicimos este año fueron plantillas de lana, hechas a mano y con el género kilómetro cero. Tuvieron gran acogida, se vendieron muy bien”. Además, “con esa lana estamos probando con tintes naturales, de la zona”. Y es que, no hay nada como vivir el pueblo. “En principio, vinimos aquí para disfrutar de un sitio tranquilo para montar el taller y hacer nuestras prendas y se ha involucrado el pueblo lo que es muy bonito”, resalta la emprendedora.
Su escaparate, además de la venta directa en mercados donde los propios creadores asesoran sobre sus piezas durante el periodo estival y navideño, también disponen de página web y redes sociales. “Llegué a aquí por casualidad, para ayudar a unos amigos a reconstruir su casa, conocí a Álex y nos quedamos. Aquí nos han tratado muy bien. En el pueblo”. De hecho, “nos hemos cambiado de casa, pero aquí en el pueblo, por una mayor y ampliar el taller”.
La lana es un “producto maravilloso pero últimamente se ha dejado de lado. Lleva mucho tiempo su manejo para un bajo rendimiento económico. Muchos vecinos del concejo nos la ofrecen y nos gustaría ir trabajándola en aumento y vender con el sello de origen del concejo. Daría un valor añadido más al producto”, aunque reconoce “que no hemos pensado mucho en el futuro. Nos dejamos fluir en esta sociedad caótica”.































