Alvarina Mayo Bueno, productora de IGP Faba de Asturias: “No cambiaría esto por nada”

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En España hay miles de pueblos casi vacíos. Aldeas cuya población marchó hacia la ciudad entre los años 50 y 60 del siglo pasado. Buscaban nuevas oportunidades y servicios básicos que el campo no les ofrecía. Aunque se pusieran en marcha varias iniciativas para incentivar el freno de la despoblación no lograron retener a la mayoría de sus habitantes y muchos de esos pueblos llevan años y años casi desiertos. El problema de la despoblación no se mueve de la agenda política; motivado o no por continuar sus líderes en la palestra. Sin embargo, si nos adentramos sobre el terreno, en el medio rural, son los propios habitantes los que dan vida, dan futuro, a esas aldeas con su ahínco por permanecer y salir adelante lejos de propósitos electorales y de un panorama poco alentador. Historias de vida y superación que pone en valor la Asturias rural. Alvarina Mayo Bueno nació hace 53 años en Los Corros, un pequeño enclave del concejo de Valdés. Tras casarse, vivió unos años en el municipio de Cangas del Narcea pero hace 25 regresó al término municipal valdesano para instalarse en el núcleo de Cortina, Trevías, y desarrollar allí su capacidad empresarial.  “A los dos años de vivir en Cortina me puse con las fabas. Había que sacar dinero de algún sitio y esta es muy buena zona para su producción”, ríe.

“No hay nada fácil, y en el campo es más difícil aún porque dependes del tiempo. Una campaña piensas que vas a sacar una producción determinada y luego se queda en menos”, explica. El trabajo no la amedranta. Los inicios, “muy duros”. Comenzó con ganadería: “teníamos vacas ‘roxas’, de carne, y cosechábamos alguna faba y fue cuando me animé a profesionalizarme en la agricultura”.

Hoy, en más de dos hectáreas de terreno cultiva las fabas de granja amparadas por la Identificación Geográfica Protegida -IGP- Faba de Asturias y comercializadas bajo su propia marca, San Andrés. De hecho, durante muchos años “gané el premio a la mayor producción certificada con marca propia”. Y es que “tengo la suerte de vender toda la faba que tenga”, destaca. No obstante, cada edición está presente en la Feria de la Ascensión de Oviedo. Asimismo, también introdujo en su explotación la variedad verdina.

En la tierra cuenta con la ayuda de su familia, su marido Manolo y sus dos hijos Laura y Andrés, quien pone nombre a su marca diferenciada. “Ellos empezaron desde pequeños con nosotros, por eso les debe gustar tanto. El poder tener a tus hijos a tu alrededor mientras son pequeños es algo que pude hacer gracias al campo”. Por ello, por la conciliación familiar y “hacer lo que una quiere y lo que le gusta no cambiaría esto por nada”.

Turismo rural

Y Alvarina dio un paso más. “Cuando llegamos aquí esto era una casa en ruinas”, apunta. En la actualidad, tras “mucho trabajar”, compagina la labor en el campo con la gestión de unos apartamentos rurales que llevan su nombre. “Empezamos con una buhardilla y como vimos que funcionaba decidimos arreglar la parte de abajo que utilizábamos como garaje y hacer otro apartamento”.

Una construcción distribuida en dos alojamientos con capacidad ambos para seis personas que levantaron con sus propias manos. “Mi marido, que es albañil, levantó ambos apartamentos y yo peonaba, incluso de noche”. Para reservas está presente en el portal de booking y vivirasturias.