Ganadera de cuna

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Ni siempre son ‘hijas de’ ni tampoco su perfil tiene porqué encajar con la imagen que estamos acostumbrados a ver en los últimos tiempos de esa joven bien formada que, harta de la vida urbana, especialmente tras las restricciones del Estado de Alarma, decide refugiarse en el campo. La mujer ganadera del siglo XXI no es solo una, sino que tiene tantas caras como historias pesan sobre sus hombros. Historias de esfuerzo, tesón y de lucha por salvaguardar su medio de vida. Por sostener su vocación. Aun así, las que tienen las agallas requeridas para dedicarse a este duro oficio casi siempre comparten ese espíritu de sacrificio al que no son capaces de renunciar, seguido por esa necesidad de querer hacer del mundo rural un lugar mucho más sostenible, visible y “vivible”. Son muchas las mujeres que viven y trabajan en el campo que, sobre el papel, no les pertenece. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres representaban casi la mitad de la población rural en España. En el segundo trimestre de 2020, el 23,5% -alrededor de 180.000 mujeres- de la mano de obra agrícola del país, incluida la ganadería, la silvicultura y la pesca, eran mujeres. Sin embargo, según el último censo agrario del INE, sólo uno de cada cinco jefes de explotaciones agrícolas es mujer. Raquel Menéndez Álvarez es una de ellas.

Natural del enclave Figares, perteneciente a la parroquia de Villazón, municipio de Salas, la vida, el amor, la llevó al concejo limítrofe de Pravia, al núcleo de San Bartalomé, el pueblo materno de su marido, Abel López: “yo con mi vida estoy encantada”, comienza. Ganadera por tradición familiar, nació “entre vacas, pero diferentes. Mi vida ganadera empezó en la cuna. Mis padres tenían una ganadería de leche bastante grande, a la que mi hermana y mi hermano pequeño le dieron el relevo”. De hecho, Raquel, a nivel profesional empezó a trabajar, con su parte proporcional de la sociedad, con sus padres, y por aquel entonces “ya catábamos 100 animales”.

Por ello, “yo no veo ningún inconveniente en que mis hijos vean esto, trabajen esto o se manchen. Yo era muy chiquitina y ya era la encargada de darle la leche a los ‘xatos’, al igual que hacen ellos hoy, y con 10 años ya empecé a ordeñar con mi hermana, que me lleva un año de diferencia. Cuando éramos pequeñas éramos una misma persona. Siempre juntas de la mano”. Sus hijos, Iker, de 7 años, y Enol, de 3, “ya colaboran conmigo. A ellos les gusta esto. El mayor ya me es de mucha ayuda en la ganadería y el pequeño, hace lo que puede”, ríe. Es más, “tengo la fe de que el día de mañana Iker tome el relevo. Salen del colegio, después de las tareas, ya vienen conmigo para la cuadra”.

La ganadería, que lleva su nombre e instaurada hace 7 años, cuenta con 70 animales de la raza Asturiana de los Valles, en aptitud normal y culón, avalados por la Identificación Geográfica Protegida -IGP- Ternera Asturiana. No le costó adaptarse al ganado de carne porque “te da más libertad que las vacas de leche. El trabajo hay que hacerlo sí o sí, pero te puedes organizar mejor, sobretodo por el verano que están fuera” repartidos entre el término municipal salense en Gallinero, y de Pravia, en alrededores de San Bartolomé, donde “tenemos muchas hectáreas para cosechar todo el verano, y pastar el invierno. Ahora tenemos allí invernando más de 20 animales a base de rollos para que los prados puedan recuperar bien”, y en San Bartolomé, donde además tiene la nave, levantada en 2017, que habitan hoy las parideras.

“El campo es trabajo en equipo”

Recuerda unos inicios “muy duros. No daban. Pero poco a poco fuimos saliendo adelante y comprando maquinaria”. Hoy son, pluraliza, porque el campo es trabajo en equipo y cuento con la ayuda de mi marido, somos un equipo”, autosuficientes y los trabajos los hacen ellos mismos, el silo y la hierba para alimentar el ganado en el invierno. Y es que ceban el ganado en el prado para que puedan caminar; “mejora la calidad de la carne y para respetar el bienestar del animal. El remate final se hace en la cuadra”.

Con las ideas muy claras, afirma estar donde quiere estar: “En el campo siempre fue una crisis sobre otra, y siempre conseguimos salir adelante. La gente tiene que comer”. En un futuro, “me sigo viendo aquí, haciendo lo que hago”. Su idea, “ampliar la nave para cebar y hacer una paridera”.

La familia López Menéndez es asidua a los concursos ganaderos de Pravia, Salas y Avilés, de los que siempre se despiden con alguna distinción. Una pasión que va pasando de generación en generación.