Herencia ganadera

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El galopante y, cada vez más alarmante aumento de la despoblación en los enclaves rurales en nuestro planeta está provocando un cataclismo ambiental, social y económico. Las mujeres rurales son una cuarta parte de la población mundial y juegan un papel vital para la fijación y vertebración del territorio. Pero son las primeras en abandonarlo. ¿Los motivos? La falta de acceso a los servicios básicos y las escasas o nulas posibilidades de desarrollo profesional. Si a todas estas circunstancias negativas unimos la invisibilidad de las tareas agrarias en manos de las mujeres rurales, además del desigual acceso a la tierra, a créditos o a materiales agrícolas, el resultado es explosivo. A pesar de todos los inconvenientes, hay mujeres que se resisten abandonar el campo y luchan por permanecer en sus lugares de origen, por mantener el modo de vida familiar, heredado de generación en generación. Y es que son la clave para la supervivencia de un sector económico y social esencial para el desarrollo de una sociedad que necesitan de sus producciones para el día a día. Mari Luz Arias Gutiérrez nació hace 26 años en la localidad Las Cuadriellas de Villaláez, término municipal de Cangas del Narcea, y hace casi cinco, “por circunstancias familiares”, no dudo en tomar el mando en la explotación familiar. “Desde pequeña siempre me gustaron las vacas. Siempre pensé en la ganadería como futuro”, aunque reconoce que “son tiempos muy complicados, como no mejore un poco la cosa el futuro se presenta muy difícil” aunque tiene como objetivo “aumentar en vacas con lo que tenemos en casa”. Es decir, mantener su propia línea genética.

Ganadería Arias es asidua a los certámenes ganaderos, un gran escaparate para mostrar sus vacas.  A la ganadera le preguntas por un primer recuerdo y no lo duda: “una vaca, que ya había nacido en la ganadería que tuvo gemelas. Muñeca y Sencilla, que luego las tuvimos que vender”. Si añades una cuestión sobre dónde se ve en los próximos tiempos, tampoco se lo cuestiona y responde con un rotundo “aquí. Donde nací y me crie. Donde nació mi padre y en la casa de mi abuelo, Antonio Arias”.

Trashumancia  

La explotación, en extensivo, cuenta con 37 reses de la raza Asturiana de los Valles aptitud culón. Mari Luz mantiene el manejo tradicional, al igual que lo hacia su abuelo quien comenzó con la trashumancia. “Ahora el ganado está por los pastizales, los bajamos en octubre de la braña de Vivero de Omaña, en León. Cuando empiecen las nieves, lo metemos en la cuadra. Mi abuelo me da mucha fuerza y ánimo para seguir adelante porque a él le costó mucho esfuerzo y sacrificio llegar a lo que tenemos hoy”.

Aunque amparada por la Identificación Geográfica Protegida (IGP) Ternera Asturiana y adscrita a la Asociación de Española de Criadores de Ganado Vacuno Selecto de la raza Asturiana de los Valles explica que la cotización de la carne, “pasteros de agosto”, está difícil porque los precios “son bajos” y los costes de la ganadería aumentan. Su carne selecta, como la de antaño, madurada al pasto y “prácticamente sin darles pienso, salvo a las que acaban de parir o van hacerlo”. El silo, su alimentación para el invierno, lo elaboran ellos mismo con la cosecha del verano. Es que se piensa que mientras el ganado está en la braña la ganadería para. “Sí que los vamos a visitar cada quince días, no más porque allí tienen agua” pero es cuando hay “que hacer la hierba”, los rollos y seco, para la que dispone de más de 30 hectáreas de terreno.