Mayte Rodríguez Álvarez de Ganadería Caballero: “Soy ganadera por vocación”

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Lugares remotos y comunes. Ahí es donde van a parar muchos de nuestros pensamientos cuando apuntan hacia las mujeres del mundo rural. Mujeres en realidad que no paran, que habitan pueblos y aldeas porque les da la gana, que se hacen cargo de negocios que otros dejan o que cogen el relevo de una ganadería en honor y recuerdo de sus antepasados, que incluso cambian de profesión o que se asocian para defender lo suyo y lo de otras. Mujeres fuertes, independientes, a las que no les asusta el trabajo incesante que no solo envuelve una explotación agrícola o ganadera sino la casa, los niños, las cuestiones burocráticas y todo lo que se les ponga por delante. No nos engañemos: aunque la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en un ‘agricultor’ o ‘ganadero’ es la de un hombre con la azada o el tractor, labrando la tierra o manejando el ganado, lo cierto es que la mujer se ocupa en el sector primario igual o más que ellos.  El espacio rural de España está habitado por 7,6 millones de personas, alrededor del 16% de la población total del país, lo que supone una concentración masiva en las grandes urbes y una mayor despoblación en las zonas rurales, donde muchos de sus pobladores son trabajadores de la actividad agraria, de la tierra y los animales, en un escenario cuya sustancia fundamental es el duro trabajo. Con todas las dificultades que se plantean, sorteando obstáculos y solventando escollos, en las zonas rurales en su mayoría resisten quienes mantienen el sector agroganadero como medios básicos de sustento. Las caras menos visibles históricamente, pero que lucha por abrirse paso cada día, es la que hoy nos permite hablar del mañana. Mayte Rodríguez Álvarez es una de ellas, que antes de ocupar la titularidad de la Ganadería Caballero, en tercera generación, se dedicó a las sustituciones ganaderas, por cuenta ajena y propia.

Afirma rotunda que “siempre trabajé con vacas. De la que empecé a trabajar en casa se arreglaban bien. Estaban mis padres al cargo, María Soledad Álvarez y José Manuel Rodríguez, que eran jóvenes, y mis abuelos, que aunque estaban ya jubilados ayudaban todo lo que podían”. Además, por aquel entonces, su hermana “también colaboraba de vez en cuando”. Pero, igualmente, cuando finalizaba su jornada “volvía y trabajaba en casa, que era donde más me gustaba estar. Con mis vacas”.

Hoy, hay avances, lo que no significa que aun no quede mucho por lo que luchar. Indicios de cambio y cada día, con mayor frecuencia, salen a la luz quienes han vivido invisibilizadas durante tanto tiempo en las labores agrícolas: las mujeres. Nació hace 37 años y vive desde entonces con su familia en Bustellón, concejo de Tineo. Es ganadera, una profesión que ha ejercicio desde la cuna: “toda la vida me gustó el ganado. Me crie entre vacas y desde bien pequeña ayudé en la cuadra con las tareas”. De hecho, recuerda que “me contaba mi padre que yo a los seis años ordeñaba las vacas cuando parían”, ríe y cuenta que incluso con 7 u 8 años “mi madre, antes de ir a la escuela, me decía donde iban a estar las vacas, para donde las iban a sacar a pastar, y cuando volvía del colegio me dejaba el transporte cerca de esa finca y las bajaba andando para casa yo sola”.

Madre de dos niñas, Saray y Paula, no lo dudó. Se incorporó al sector hace un año “desde que se jubiló mi padre estuve como colaboradora con mi madre”. Pero no fue hasta su fallecimiento cuando tomó el relevo junto a Vital Suárez, su marido. “Yo siempre quise quedarme aquí. Había que continuar un negocio que a mis padres les costó tanto trabajo y sudor sacar adelante”.

La incertidumbre de los tiempos no la amedrentan; “Cada día nos lo ponen más difícil. El futuro está fastidiado pero cuando trabajas en algo que te gusta y lo haces con satisfacción e ilusión pienso que las cosas van saliendo adelante”. Reivindica que “se necesitaría que se mirase más por el medio rural y los ganaderos, que somos los que damos de comer a la población y sin el campo la ciudad no come, y si nosotros caemos, detrás de nosotros van a ir unos cuantos. Necesitaríamos que no nos golpeasen tanto en tantos ámbitos”.

La jornada empieza antes de las 7 de la mañana, ocupándose de “lo menudo”, las xatinas. Luego, ya se pone a preparar la sala de ordeño directo de ocho puntos, y a “meter las vacas en la sala de espera” y a arreglar y limpiar los cubículos.

La limpieza de los patios y la preparación del carro mezclador -3 kilos de alfalfa, 14 kilos de pienso y 22 de raigrás- es labor de Vital. La explotación cuenta con 75 vacas de raza Frisona, de las que 50 están en ordeño que producen 35 litros de leche cada una que sirven a Central Lechera Asturiana.