Rompiendo estereotipos

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Texto: Sabina Rubio

Hay pocas revoluciones equiparables a las que han protagonizado las mujeres a lo largo del siglo XX y primeros años del XXI. Durante estas décadas, las mujeres de la mayor parte del mundo han logrado el derecho al voto y el acceso a la educación y al empleo, y se han beneficiado del desarrollo de sistemas legales que garantizan la igualdad formal.Cuando hace más de 90 años, durante la Segunda República, Dolores Trabado se puso al volante de un taxi en Pontevedra no imaginaba que muchas más seguirían sus pasos en un sector que aun hoy sigue siendo eminentemente masculino. Adriana Fernández Díaz nació en el núcleo de Villafría, concejo de Pravia, hace 27 años y es la única mujer taxista en el municipio praviano.

Profesión heredada de su padre, Gerardo Fernández, llegó al sector hace tres años “por necesidad. Mi padre enfermó de repente y alguien tenía que hacerlo. Pasé de vivir en Avilés, de trabajar en una confitería para sufragar los gastos mientras estudiaba a volver a vivir a casa de mis padres y hacerme cargo del negocio”.  Sin embargo, “gracias al taxi me pude comprar un piso y ahora vivo en Pravia. Es un trabajo muy agradecido. Tu le echas horas y te lo recompensa económicamente”. En aquel momento, con 24 años, era la mujer más joven de Asturias en titular una parada.

No lo dudó: “había que ayudar”, aun con los planes de futuro ya fijados, “mi meta era ser profesora”, se colocó al volante. Y es que comenzó a conducir el taxi cuando “estaba en el último año de carrera, solo me faltaba el proyecto final”. Tiene el Grado de Conservación y Restauración de Bienes Culturales y por aquel entonces ya estaba matriculada en un máster. Idea que declinó porque “al taxi hay que dedicarle muchas horas y acabar el proyecto me resultó muy difícil”. Estudiaba en horas muertas en el coche; “colocaba una linterna en el parasol y a ello. También iba a la Escuela Oficial de Idiomas y mi compañeros me preguntaban qué hacía en el coche con la linterna”, ríe. Pero finalizó, con mucho esfuerzo y sacrificio pero lo logró.

La clave: la organización. De fijo, realiza una ruta diaria durante el periodo lectivo de transporte escolar y otra para el centro de día dependiente del Organismo Autónomo de Establecimientos Residenciales para Ancianos de Asturias (ERA) en la villa. Además, una vez a la semana tiene parada en el Aeropuerto de Asturias. El resto, a demanda. “Este trabajo, y trabajar para para mí, me permite organizarme y disfrutar de tiempo libre”.

Se incorporó trabajando como co-autónoma, pero al jubilar a su padre pasó a ser la titular adquiriendo un compromiso por cinco años con el Ayuntamiento. “Si a mi padre le dio el ictus el lunes, el miércoles ya estaba trabajando. No sabía ni responder a la emisora ni conocía las rutas. No tenía ni idea de nada pero tengo que reconocer que tengo unos compañeros que no se pudieron portar mejor conmigo. Me ayudaron muchísimo y siempre voy a estar agradecida”.

Si hablamos de futuro, quizá “no me veo con el taxi. Cada día me canso un poco más. Estoy muy contenta pero muy a mi pesar tengo que decir que no es un trabajo para una chica joven”.

Lidia día a día rompiendo los estereotipos de género. Incluso explica que en una ocasión, en la parada mientras aprovechaba a recoger el taxi “un señor dijo: menos mal que contratasteis a alguien para limpiar los coches”. Claramente “le contesté que el taxi es mío”. Asimismo, “me llegaron a preguntar si tenía carnet de conducir”. Los comentarios “no suelen ser en mal tono pero están ahí”.

No obstante, el sector del taxi es uno de los pocos donde no existe la brecha salarial. Todos los trabajadores, mujeres y hombres, cobran lo mismo y juegan en igualdad de condiciones. El taxi no entiende de género: las ventajas y oportunidades son las mismas para ambos sexos, tanto en relación a la regulación como a la hora de obtener una licencia.  “Me lo paso muy bien. Cada día es diferente. Está claro que no se pueden hacer planes a largo plazo porque la vida te sorprende, pero me gustaría dedicarme a algo menos sedentario”.