Sangre joven para oficios ancestrales

0
503

Texto: Sabina Rubio

En la actualidad, el auge de las reivindicaciones feministas es un movimiento imparable, y las voces que se alzan reclamando la igualdad entre mujeres y hombres son cada vez más fuertes y numerosas. Aunque en el medio rural el patriarcado aun está arraigado, las mujeres han comenzado el cambio para convertir escenarios como la cuadra o el campo en lugares cómodos para ellas. Entornos donde pueden desarrollarse en igualdad, donde dejan de ser sujetos pasivos tomando la iniciativa y en los que pueden participar de manera activa en el desarrollo de su hogar y su oficio rompiendo los modelos tradicionales haciéndose cargo de la titularidad de la explotación o emprendiendo con valentía y tesón desde cero. Ella cambió lo urbano por lo rural y se puso decidida el traje de faena. Forma parte de una generación que sienta las bases para la reactivación de un sector, el primario, que muchos creían en vía de extinción. Se incorporó por sí sola, sin tener antecedentes familiares vinculados al campo o los animales y con 26 años es la titular de la Ganadería El Fiera, en Pandiello, municipio de Cabrales. Ganadera no por vocación ni tradición familiar pero sí por convicción, Alejandra Carbajal es natural de Oviedo. A los 22 se alistó con su hermano a la actividad ganadera en el núcleo ovetense de San Claudio: “él si tenía claro que de mayor se dedicaría a la ganadería. Pero trabajando juntos estuvimos poco, como unos seis meses. Le salió una oportunidad laboral que no podía dejar escapar”. Y así, comenzó en solitario, con ímpetu y decisión, su aventura en la explotación lechera. Dispuso de la ayuda del Gobierno regional como joven ganadera para comenzar su andadura. Por cuestión de infraestructura, con objetivo de aumentar cabaña, se trasladó a Pandiello dos años después de instalarse.

Al principio, “me resultó muy difícil adaptarme a ellas. Nunca había tocado una vaca. Recuerdo que era ponerme a ordeñar y empezar a sudar. Me ponía muy nerviosa pero poco a poco fui cogiendo el tranquillo y el gusto y, a día de hoy, que no me las quite nadie”, ríe, “el que dice que el animal no te da la felicidad miente. Saben  cuando tienes un día bueno y un día malo”.

Aunque la familia “me decía que yo sola no podría, que no sabía dónde me iba a meter”, empezó con 15 frisonas, y con el apoyo de su padre, Jorge Alberto Carbajal, llegó a las 60 reses adultas, que producen 1.500 litros de leche diarios, con 3,90 de grasa, 3,45 de proteína, 119 de células somáticas y 10 de bacterias, que despacha a la Central Láctea Picos de Europa,  y 20 animales de recría con las que cuenta hoy. “Yo si me empeño en una cosa, a esa cosa voy”, subraya. El esfuerzo, tesón y sacrificio le deja resultados: “estoy muy contenta. Cuando empecé me pagaban la leche de chiste, a 0,26 céntimos el litro. No veía nada, se lo llevaba todo la alimentación y el confort de las vacas. Incluso había meses que tenía que poner dinero de más. Ahora cobro el litro a 0,32”. Tras casi cinco años, Alejandra hace balance: “no me arrepiento de la decisión. Todo el mundo piensa que el trabajo es muy esclavo, que no hay descanso, pero todo es cuestión de saber organizarse”.

Desarrolla un manejo completamente tradicional del ganado. Su jornada comienza a las 7 de la mañana cuando va para la cuadra y empieza a cebar con carretillo. “Aquí se hace todo a mano, a la antigua usanza”. Luego, “voy al ‘prao’ a por las vacas, las ato y empiezo el ordeño”. Con un sistema de ordeño directo, la labor le lleva entre hora y media y dos horas, y en cuanto finalizan con la ración de comida vuelven al pasto hasta la tarde que se estabulan de nuevo para la siguiente extracción de leche, salvo “que el tiempo esté muy frío o nieve que las dejo en la cuadra”. Para ello, cuenta con 32 hectáreas de terreno propias, “aquí las vacas están a capricho”. A este trabajo hay que sumarle el cuidado de su hijo, Hugo, que con tres años ya muestra dotes ganaderas. “La mayoría de las veces viene conmigo a la cuadra. Le encanta. Va a seguir los pasos de su madre”, subraya orgullosa.

Reivindicación

La gestión de residuos de purines “es un tema que me preocupa mucho. Estoy bastante disgustada con la Administración porque nadie está haciendo nada por ello. Hasta ahora me la recogía la planta de estiércol de Cabrales pero lo dejó hace unos meses. Ahora mismo lo reparto por las fincas que tengo pero desde Consejería no dan una solución”.