Trini, una mujer de las de antes

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“La frutería solía llenarse los jueves porque era día de mercado y el 10 de cada mes, cuando cobraban los trabajadores de la térmica de Soto de la Barca”, comenta Trini al recordar el concejo “lleno de gente”. Nacida en Casa La Caera, en Folgueras de Cornás, la galardonada recuerda su infancia y vida rural, “antes se vivía de lo que se cosechaba. Yo conocí las zanahorias en Tineo porque en Folgueras solo había nabos, patatas, berzas y remolacha”.

La Mujer del Año profundiza aún más en su historia y explica que “tenía 14 años” la primera vez que fue a Tineo. “Mi marido, Manolo, era de Parada en Navelgas”, puntualiza Trini tras rememorar, con cariño, ciertos detalles de su boda: “me casé en la Capilla de Folgueras el 27 de diciembre de 1950 cuando tenía 19 años. Mi marido se empeñó porque era el Año Santo”. Más adelante, ella y Manolo fueron a Parada a vivir durante año y medio donde nació su primer hijo. “Luego marchamos a Tineo”, señala, mencionando que su incursión en el mundo profesional fue “haciendo pantalones”.

Comienzos en La Única

El matrimonio vivía en la casa de alquiler del dueño de la frutería cuando decidió apostar por adquirir la misma en 1955, “yo estaba en la frutería y Manolo iba con el camión para transportar la fruta y vino”. Respecto a su proceso de adaptación, Trinidad reconoce que aunque “al principio no sabía nada de fruta”, no se le daba mal, introduciendo la venta de pan para ampliar “poco a poco”.

“Mi marido falleció en 1978. Yo tenía 47 años y 8 hijos”, relata Trini tras admitir que la pérdida fue muy dura, “fue terrible”. Este triste suceso, unido al aumento de desabastecimiento de productos en las zonas rurales, empujó a la de Folgueras a sacarse el carnet de conducir. “Lo saqué a la primera en La Corredoria”, asegura al mencionar que no tenía otra opción. Aun así, valora la ayuda de sus hijos durante este período repleto de cambios “me ayudaban porque estaban acostumbrados a ir en el camión con su padre”. La propia Gómez recuerda, entre risas, el momento en el que se le caló el coche subiendo a Cabruñana con su hijo, “iba Grado a recoger la verdura y hubo una pitadera porque no podía arrancarlo, pero el ‘neno’ lo consiguió”.

Sin embargo, la antigua dueña de La Única no corrió la misma suerte cuando tuvo un accidente de tráfico cerca de Murias, “se me fue el coche por un precipicio de 5 o 6 metros porque había una curva muy resbaladiza”. Según Trini, esta curva resbalaba debido a los restos de leche que caían de los camiones. “Conseguí soltarme el cinturón, salir por la tapa de atrás del coche y unos muchachos vinieron a ayudarme, pero después de salir, explotó el coche”, apostilla.

La Mujer del Año 2026 describe la frutería como un “confesionario”. “Me encantaba hablar con los clientes porque siempre se portaron muy bien”, reconoce la frutera además de valorar la elevada venta de su género, “se hacían cajas grandes porque teníamos buenos productos”. Verduras como berenjenas, calabacines o espinacas no eran comunes en las tiendas de la zona por lo que los maestros y los médicos del pueblo (que antes iban a comprarlas a Oviedo) se llevaban “una alegría” cuando las veían en la frutería.

Por otro lado, Trini explica el hábito de comprar por ‘libreta’, “las mujeres compraban los productos y sus maridos venían a pagarlos cuando cobraban”. A pesar de asegurar, con una sonrisa, que todavía tendrá algún pedido “sin pagar”, se muestra muy agradecida a Tineo y a los vecinos.

“Ha cambiado mucho”, explica Trinidad al mencionar la situación actual de la mujer. La antigua frutera se acuerda de la existencia de autorización marital para poder firmar los documentos, “cuando mi marido y yo compramos la furgoneta para el reparto, él me dijo que no hacía falta que fuera, pero el vendedor dijo que si no iba Trini no la vendía”.

Importancia de la música

Trini cantaba con su padre la Misa de Gaita y, posteriormente, de Ángeles. “Yo nunca canté en un grupo, pero siempre cantaba en los montes y en los ‘praos’”, comenta tras subrayar la enorme presencia y dedicación a la música en su círculo familiar. Además de su ejemplo vital, Trinidad Gómez ha contribuido a preservar la memoria cultural de Asturias, colaborando en la recuperación y transmisión de la misa de gaita. Gracias a sus grabaciones y entrevistas con los investigadores Fernando Ornosa y Marisa Miravalles, hoy se conservan el canto de la misa de ángeles en latín, los instrumentos que la acompañaban y las costumbres de su infancia, que forman parte del Archivo Histórico del Principado de Asturias. Sus hijos y descendencia de una manera u otra, siguen ligados a la música, algo que les transmitió y heredaron.

La jubilación llegó a la vida de la dueña de La Única a sus 65 años cuando ya “no podía más”. Trinidad no quería pedir más ayuda a sus hijos “para no quitarles tiempo de estudiar ni trabajar”. Con relación a la situación actual del establecimiento, confirma que cerró hace cuatro o cinco años después de su traspaso a otros vecinos.

La actual ganadora del Premio Mujer del Año 2026 admite haber disfrutado mucho el momento del reconocimiento, “lo pasé muy bien porque había muchos vecinos”. A pesar de estar algo “nerviosa”, pudo leer unas palabras de agradecimiento durante el manifiesto. “También habló un hijo y la nieta, así que había mucha emoción”, añade.

Para finalizar su relato, Trini quiso subrayar la Feria de San José y la de San Francisco como fechas señaladas en las que su frutería recibía mayor número de vecinos y clientes, sin pasar por alto San Roque. “Nunca estuve en San Roque porque la tienda estaba llena. Las de los puestos llevaban el pan en cestos enormes”. Al mismo tiempo, destaca la Semana Santa como período álgido debido a la venta de rosquillas o trenzas de Pascua. “Se vendía mucho porque no había supermercados”, concluye no sin antes señalar, con cierta tristeza la decadencia actual de la villa, “me da pena ver el pueblo ahora porque antes eran todo tiendas, había más vida y yo quiero mucho a Tineo”.